viernes, 1 de enero de 2010

2010


Año nuevo. Mi primer deseo es que usted, anónimo lector, un servidor, nuestras familias, amigos y enemigos sigamos brindando por la vida en 2011. Es lo mejor que podría ocurrirnos.

Si miramos, en un acto de generosidad, más allá de nosotros brindemos para que los desheredados e ignorados, esos millones de seres que no saben lo que es el apetito, pero sí el hambre, alcancen al menos la posibilidad de comer un muslito de pollo una vez al día.

Para ello, hoy, 1 de enero de 2010, día de la conjunción planetaria de dos líderes progresistas, Obama en EEUU y Zapatero en Europa, que anunciara Leire Pajín, debemos gozar con la posibilidad que vaticinara la Vicesecretaria General del PSOE en el sentido que la esperanza cubriría al planeta Tierra que, según ZP, es del viento. Más si no hicieran nada por conseguirlo y siguen erre que erre enviando la soldadesca a Afganistán, los borraré de la agenda del progresismo.

Alzo mi copa de sidra El Gaitero por los ancianos desamparados, los tullidos y por aquel proyecto de ser del que nunca sabremos nada. Enjuago mi pequeña codicia en la piscina de la utopía para que sepamos adelantarnos, a través de los llamados signos de los Tiempos por los laicos y signos del Espíritu por los creyentes, al futuro, o sea, que sepamos asomar nuestra mente a la realidad para transformarla en ideal.

Deseo fervientemente que cada uno de nosotros seamos cada vez más nosotros mismos, quiero decir que no nos conviertan, aquellos que tienen la batuta del poder, en ridículas y obedientes marionetas que danzan al compás de los hilos sostenidos por sus intereses.

Me agradaría que la poesía, o sea, esa íntima comunicación con uno mismo que abre su sagrario a la profanación de los demás, se convierta en uno de los máximos valores de esta sociedad anónima.

Y hablando de valores, deseo que sucumban el poder, el prestigio y el dinero de la agenda axiológica de los seres. En contraposición a ellos, ojalá reinaran la dignidad, el amor y la libertad como valores supremos de la especie humana.

Año nuevo. Nuevo año y estropajo suficiente para que nuestras costras desaparezcan y emerja, en su lugar, la sensibilidad suficiente para que nuestros corazones pasen de ser de piedra a ser de carne.

Por ello brindo.

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