viernes, 18 de diciembre de 2009

Toros y aborto



De tarde en tarde, muy de tarde en tarde, los señores parlamentarios y señoras bis, votan en secreto, o sea, en sobre cerrado van depositando uno a uno y una a una su voluntad en forma de papeleta en una hermosa urna. El voto secreto se solicita cuando el tema a votar puede suponer un problema para la conciencia de sus señorías; es por ello que también se conoce por “voto en conciencia.”

Los parlamentarios catalanes votan hoy si le pegan un carpetazo al arte de Cúchares, el toreo.

El toreo es ese espectáculo al que llaman Fiesta Nacional y es el enfrentamiento entre un hombre y un toro bravo en el que el engaño, en forma de trapo rojo, es el principal protagonista del duelo, de ahí vienen las distintas formas de engañar al toro, siendo la más bella, por peligrosa, el pase llamado “natural” y que da el torero con la mano izquierda y los pies juntos. Como el toro bravo es más fuerte que el hombre hay que reducir sus fuerzas, lo que se consigue mediante picas y banderillas. Al final de la faena, el torero, también, llamado matador, se enfrentan en el último momento a pecho descubierto con el toro bravo, y si el torero es buen matador, no siempre ocurre, clava una espada al toro y éste muere con las cuatro patas boca arriba. Pocas veces, pero algunas, el toro se lleva por “delante” al torero.

Ante este terrible espectáculo los parlamentarios socialistas catalanes y los convergentes han solicitado de sus respectivas jefaturas que el voto sea secreto o en conciencia.

Los parlamentarios que se ubican en el Congreso de los Diputados votaron ayer la comúnmente conocida Ley del Aborto.

El aborto es siempre un triste acontecimiento en el que por diversas causas y razones se interrumpe voluntariamente la vida del no nacido o feto. En este acto existen tres protagonistas, a saber, el cuerpo médico, la mujer embarazada y un diminuto ser, el no nacido, que parece ser que poco cuenta pues no puede defenderse. Existe el aborto químico que se suele hacer en las primeras semanas de embarazo. No requiere anestesia ni intervención quirúrgica. Su principal inconveniente es el sangrado, no tanto como en los toros, y que la mujer podría ver la expulsión del embrión, su futuro hijo, lo que es psicológicamente doloroso. Pasadas ochos semanas se emplea el aborto quirúrgico o por aspiración, mediante el cual se succiona al no nacido usando una jeringa manual, en los toros era una espada, o una bomba eléctrica de aspiración. A partir de la semana decimoquinta se requiere, además de succión, manipulación quirúrgica a través de la cual lo que pudo ser, ya nunca será. Pocas veces, pero algunas, el aborto se lleva por “delante” a la mujer.

Ante este también terrible acontecimiento, al contrario que con el sangrado de los toros, los parlamentarios socialistas no han solicitado votación secreta o en conciencia.

Y es que a esto de la conciencia de sus señorías podría aplicársele esta sentencia de Mirabeau: “Si queréis medrar en el mundo, matad vuestra conciencia.”

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