miércoles, 16 de diciembre de 2009

NACIMIENTO QUEMADO



Anda que no hay cosas que quemar, pero a la nueva sociedad emergente le está dando por prender fuego a símbolos de nuestra fe o de nuestra cultura.

En Estepona, estos nuevos bárbaros han achicharrado un Nacimiento. Nada en contra de los Árboles de Navidad y del Papá Noel de las blancas barbas, nada en contra del la Media Luna y del Korán y nada en contra de las Doce Tribus de Judá, pero por qué los hay empeñados en exterminar todo vestigio de historias del Niño Jesús, María, José, la luna con rabo, pastorcillos, Gaspar, Melchor, Baltasar, el pozo, el río con aguas de plata y la noria de nuestra historia.

Por qué ese odio a una historia que fue o pudo ser o nunca fue, si todos, cuando pequeños, jugamos a fabricar belenes, cuevas de misterios, panecillos de harina, papeles de cielo azul, recortes de estrellas, zambombas, panderos y villancicos.

Porqué la metáfora del Amor, la utopía de la Felicidad y el deseo de la Paz se han convertido en una trinidad a la que machacar, ignorar y odiar. Será, me pregunto, porque los hombres y las mujeres nos hemos convertidos en “asesinos” de niños.

A quién hace daño la inocencia de creer, el asombro de un niño con la boca abierta, un cuento navideño, una mula y un buey. Por qué ese laicismo tendente al odio que no permite que las criaturas elijan el Amor, aunque esté por estrenar, como único fin de sus vidas.

Por qué esta locura que convierte en cenizas el santo y seña de millones de seres. A qué viene ese afán por borrar de un plumazo esa historia transmitida de generación en generación, desde las catacumbas a la vela, después al quinqué y desde éste a la luz eléctrica. Por qué no dejar en paz a los que un día en una noche que llamamos buena se besan, se unen, beben, cantan y dan gracias a la vida por estar un año más juntos, aunque sea durante veinticuatro horas.

Por que ese odio a un hombre que, si es que existió, desde la cuna de paja a la cruz del Gólgota dicen “pasó haciendo el bien.” Y si no existió, por qué esa manía persecutoria hacia el cuento, la leyenda o la anécdota.

Venga, que me expliquen el porqué.

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