miércoles, 30 de diciembre de 2009

La agenda


Lo que han dado los seres en llamar año, finaliza. De hoy a cuarenta y ocho horas se inicia un nuevo esperpento institucionalizado. Es por ello que ya están a la venta las nuevas agendas.

Las hay para todos los gustos y ya empiezan a ser usadas, desde luego que un servidor de ustedes. Las personas, con avidez insaciable, van anotando, apropiándose de días para reuniones, viajes, almuerzos, etc.

Los viejos teléfonos se trasvasan a las nuevas agendas. Algunos hombres y mujeres, simples números, ya no formarán parte de las nuevas agendas; unos porque han muerto y otros porque han muerto para nosotros. “Quedaron” en el camino. Se usó de ellos. No nos valen. Para este nuevo circo de vanidades que está a la vuelta de la esquina, yo he borrado cuatro nombres. Se usó de ellos. No nos valen.

Nuevos números, personas, en el transcurrir del nuevo año, volverán a anotarse, y más tarde, en nuevas agendas de nuevos años quedarán descolgados.

Cuánto me gustaría ver -tener- una agenda programada para construir amor. ¡Sería tan hermoso!, pero las agendas no quedan conformadas como casas del Amor, pero el interior de ellas huele a dinero, comidas y negocios. Huele a consumo. Dicen los expertos en venta, que las agendas son útiles para programar nuestras vidas. Qué error.

Ahora tengo que clavar en mi nueva agenda una reunión con otras personas para programar un viaje a Suiza allá por marzo, pero yo no deseo ir a Suiza, sino a la cueva del amor, allí donde la noche amanece y un tono rojo envuelve a la tarde.

Ese viaje no necesita de agendas. Cierro los ojos, los vuelvo hacia mi interior y allí estoy.

POSDATA: Me avisan de la muerte del poeta Juan Javier Moreau, al que forzosamente borraré de la nueva agenda, nunca de la memoria. Su último libro, El loco de Lepanto, fue publicado en la también muerta Colección de Poesía “Ancha del Carmen”, aunque su poesía seguirá viva. Avisó de su fatal desenlace a un nutrido grupo de amigos y conocidos, pero no lo creímos. Ahora, descansa en paz.

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