martes, 15 de diciembre de 2009

Frío


La noticia es que hace frío, el resto, siendo importante, ha dejado de serlo en esta gélida tardenoche que nos maniata en casa al abrigo del aire acondicionado y con la vista puesta en una película casera. Presumíamos de tener un invierno primaveral y todo se ha ido al carajo, justamente eso es lo que me he tomado antes de iniciar el teclear de palabras, un magnífico carajillo.

Y es que se las pela este vientecillo de Siberia que azota la parte del cuerpo que dejamos desnuda y que nos cala los huesos la que tenemos arropada, y es que los del Sur no estamos preparados para esta ducha fría que nos baña porque sí.

El frío es el tema de conversación de hoy. Allí dónde estés se repite la misma frase: uf que frío hace. Si a ello añades que a la Trini, ministra de Sanidad, se le ha metido en el cuerpo prohibir fumar en todo tiempo y lugar, la vida ya no merece la pena ser vivida fuera de las cuatro paredes de casa.

Para qué comer o cenar o tomar un pampero si las volutas de humo han pasado a la historia. Habíamos admitido que había restaurantes fumaderos y restaurantes para aquellos que durante años se habían diplomado en fumadores pasivos. Hasta algunos empresarios, ciertamente no todos, habían invertido algo de sus ahorros en biombos, ladrillos y extractores; pero de pronto, pum, nos viene Trinidad Jiménez y nos sopla que se acabó el fumar en locales públicos.

Una santa, esa mujer es una santa de los pies a la cabeza. Cómo mira por nosotros. Ya empezó con la vacuna de la puerca gripe, aunque la verdad es que el personal no le ha hecho ni puto caso y menos que nadie el personal sanitario.

Imagínese una noche como la de hoy y con un menú como el que tienen los Presidentes de las Comunidades Autónomas y la eminencia de Zapatero en el Senado, a saber, tronco de vieiras sobre verdura confitadas con carabinero asado, taco de mero con guiso de habas y chipirones con chip de verduras crujientes, un buen postre y todo ello regado con vino crianza de Rioja y, por supuesto que con la presencia de Montilla, cava, imagínese ese dispendio, decía, y que tengan que salir algunos próceres, con la tardenoche que debe hacer en Madrid, a echar un par de caladas convulsivas a la mismísima calle.
Justamente ahí, en la calle, colocaba un servidor a Trinidad Jiménez

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