jueves, 31 de diciembre de 2009

El poeta Juan Javier Moreau anunció literariamente su muerte


A las 16:02 horas del viernes día 25 de diciembre el poeta malagueño Juan Javier Moreau envío un email oculto en el que como asunto se leía: Adiós. Entre otros muchos, yo fui uno de los que lo recibí.

Al abrirlo, me encontré con el “Romance a la muerte de Alonso Álvarez de Soria (1603). Anónimo.” Ya decía, día 25, día de Navidad, cosas de Juanito me dije, ya lo leeré.

Hoy, después de acompañar su cadáver, he regresado al disco duro del maldito ordenador, he sacado copia del romance, lo he leído con atención y me siento culpable, por omisión, de su muerte.

Dice el principio del romance: “Elevada está Sevilla,/ toda la gente suspensa,/ concurren a la gran plaza/ de San Francisco con priesa/ porque hoy lunes en la tarde/ dicen que se representa/ de Alfonso Álvarez el bravo/ la lastimosa tragedia…”

Pues bien, el pasado lunes por la tarde, Día de Los Santos Inocentes, Juan Javier Moreau dejo de existir materialmente, aunque su fina ironía literaria persista en la inmortalidad que todo poeta desea.

Sigue el romance: “…/Acompáñanlas mil rufos/ de los de la picaresca,/ hasta llegar a la horca/ que a algunos de ellos espera…”. No es necesario, creo, realizar ningún comentario.

Muy trágica, demasiado para finos y ridículos oídos, es la descripción que el anónimo escritor realiza sobre el ahorcamiento de Alonso Álvarez de Soria que no transcribo. Sirva esta simple muerte “…dos veces le dieron agua/ y con ánimo que eleva, sin ayudarle ninguno/ subió por el escalera…”

Al final del romance, en el email citado, el poeta Juan Javier Moreau añade: “Adiós. Me espera la N. Un abrazo muy fuerte y vivid a tope la vida. Juan.”

Alguien puede pensar: “Pepe, ¿porqué escribes este suceso?”. La respuesta, como poeta que pretendo ser, es porque estoy seguro que Juan Javier Moreau deseó que su muerte no pasase desapercibida, que se aireara a los cuatro vientos y que navegara por todos los océanos de Internet. Y por algo más, porque yo, como otros que desconozco, ya decía, hemos sido cómplices de su muerte. Y es que las “cosas” de los poetas las gentes se las toman a broma.

Siguiendo tu consejo, querido Juanito, este 2010 y los que me queden los voy a vivir a tope, cosa difícil porque así he vivido siempre.

Eres, amigo Moreau, un poeta de casta y además, como siempre te gustó, “maldito”

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