viernes, 11 de diciembre de 2009

El desierto de la Paz y el desierto del Nobel


Obama posee un verbo que nadie discute y un Nobel de la Paz discutido por todos. De él sí se puede afirmar que “llegó, vio y venció.” La paz no existe y nunca existió, por lo que los suecos deberían abolir ese codiciado trofeo de magnates. Ya ven que el pacífico Jesús de Nazaret dijo aquello de “yo no he venido a traer la paz sino la guerra”, y hasta los llamados Libros Santos, sean cristianos o no, están atiborrados de sucesos de guerras, dioses vengativos, tedeum y vítores al Señor de los Ejércitos.

La Paz es un desierto por el que nadie transita. En el interior de cada persona existe una multitud de seres que se encuentran siempre en estado de guerra, a saber, el que soy y el que me ven, el amor y el odio, la caridad y la envidia… En todos y cada uno de nosotros se encuentra el germen de la tesis y la antítesis, y con nuestra contradicción a cuesta nos zambullimos en la poblada selva de la ciudad y pasamos desapercibidos.

La mayoría de nosotros somos seres diminutos, pero ninguno, por más que nos lo creamos somos constructores de paz, pero Obama es grande y por ser grande es hasta Comandante Jefe del Ejército más poderoso del mundo. Todo parece quedar arreglado con el proverbio atribuido a Vergecio, ya saben, “si quieres la paz, prepárate para la guerra”, con ello queda dicho que no es posible ser pacífico si no se es antes hombre de guerra.

¿Cómo conceder un Premio a algo que no existe?, peor aún, cómo conceder el Nóbel de la Paz al representante máximo, Obama, del más poderoso ejército de todos los tiempos.

No sé cuántos soldados estadounidenses existen aún en Irak; en Afganistán se dice que hay 100.000 y en pocos meses llegarán 30.000 más. ¿A qué van? ¿A la caza de Bin Laden? ¿No son demasiados?

Que yo diga que Obama no se merece el Nobel de la Paz puede ser un chiste, pero que él mismo afirme que existen otras personas que se lo merecen más que él es una farsa, pues ni esos existen.

Lo dicho, la paz es un desierto por el que nadie transita, o sea, nadie es ciudadano de la Paz.


1 comentario:

  1. Y yo me pregunto a mi mismo sin encontrarme la respuesta... ¿el premiado no puede renunciar al premio por no merecimiento?
    ¡Qué cosas pasan!

    Otra cosa; que como llegan las navidades, fiestas ¿fiestas? que no me gustan nada, y como este que está aquí se esconde hasta el día siete, espero que se cumplan TODO TUS DESEOS.

    Abrazos.

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