martes, 3 de noviembre de 2009

Las cenizas de Cristo, algo más que una presentación


Era consciente de que en el acto de presentación de “Las cenizas de Cristo”, del periodista Pedro Luis Gómez, un mogollón de gente iba a hacer acto de presencia. Con esa intuición, y con tiempo suficiente, atravesé calle Don Cristián portando un pequeño libro de Hans Magnus Enzensberger titulado “En el laberinto de la inteligencia. Guía para idiotas” (Anagrama) para que el tiempo de espera fuese más llevadero.

Internet es, en toda la extensión de la palabra, un auténtico chivato. Quiero decir que cuando envío un e-mail pincho en herramientas para que el acusica me avise si el destinatario lee o no lo enviado. Siempre que envío algo a Pedro Luis Goméz, el soplón da por respuesta “no leído”. Sé que Pedro Luis tiene muchos quehaceres y nunca me doy por ofendido, es por ello que no podía faltar a la cita de ayer viernes. Fuimos amigos, y quiero creer que lo seguimos siendo, en aquellos tiempos de la prehistoria contemporánea política al igual que, quiero creer, su director José Antonio Frías que, con más ocupaciones aún, ni siquiera contesta a los artículos que les envío, unos los publica y otros, ni puñetero caso.

Este copo no se le voy a largar al autor, pues estoy seguro que tendrá una alerta de google, saltará su nombre e ira de cabeza al origen del remitente. ¿A que sí, Pedro Luis?

Hay que ver el poder de SUR, decano de la prensa malagueña. Por aquello del par de acciones que compré a instancias de Julián Sesmero, y que no vendí, supongo que soy accionista y, al menos, copropietario de un bolígrafo y de un poco más de atención por parte de la autoridad competente, eh Frías.

Compraré “Las cenizas de Cristo” e intentaré confeccionar una crítica objetiva, no de plantilla, y la publicaré en http://www.papel-literario.com/, ese extraño suplemento que ningunea la casta escritora provinciana y se lee por todo el mundo, incluida la casta citada. Estoy seguro que Pedro Luis habrá sabido distanciarse de su pasión cofrade para ofrecernos una posible buena narración.

Qué poder, Cristo de la Buena Muerte, tiene SUR. El gentío se apelotonaba en la Sala del Ámbito Cultural de El Corte Inglés, en las escaleras, en la puerta y en la calle. Había un hormiguero de guardaespaladas, coches patrulla y fuerzas vivas de la ciudad que, los últimos, asistían emocionados al vídeo en el que los Caballeros Legionarios cantaban “El novio de la muerte” mientras la señora sentada a mi izquierda lloraba a moco tendido.

La política, en todas sus manifestaciones (local, autonómica y nacional), copaba las sillas reservadas; el pueblo y los cofrades, en su lugar de siempre y los tranquilos ciudadanos que creían que entrar era jauja, esperaban en la calle.

Hasta Conejo, el secretario de organización del PSOE, se encontraba en la primera fila de invitados.

Leeré el libro, lo prometo; aunque sea en su segunda edición.

2 comentarios:

  1. No tiés pelos en la lengua, compadre....¡Escribes bien!.
    Carmen

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  2. ya quisera yo, amiga Carmen, pero de todas formas gracias

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