domingo, 29 de noviembre de 2009

La dignidad catalana y la sumisión andaluza



Que doce periódicos catalanes hayan publicado un mismo editorial es la prueba más evidente de que por aquellos pagos existe un sistema orgánico instalado en la vértebra por excelencia de la democracia, a saber, la libertad de expresión.

Que los directores de los doce medios de comunicación hayan confundido dignidad catalana con propaganda al mejor estilo nazi, o tal vez publicidad pagada, es una losa que ha cubierto este difícil, y a veces peligroso, arte de opinar en libertad.

Que la tinta derramada en las rotativas se haya convertido en un río de presión para que los miembros del Tribunal Constitucional vuelvan a repensar en la sentencia, ya caduca sea la que sea, es una vuelta de tuerca en la libertad que intentamos darnos los españoles al aprobar nuestra Constitución.

Que el editorial de marras recuerde que SM el Rey sancionara la Ley Orgánica del Estatuto aprobado por el Parlamento de Cataluña, por el Congreso de los Diputados y por refrendo de la ciudadanía catalana, viene a ser un tanatorio de dichas instituciones ante una previsible sentencia que anule algunos aspectos controvertidos del actual Estatuto, a saber: el término nación, la bilateralidad entre España y Cataluña como entes diferenciados y buena parte del sistema judicial.

Los españoles nos dimos un árbitro, Tribunal Constitucional al aprobar la Carta Magna, que estuviera por encima de posibles dictaduras de mayorías absolutas malamente concebidas o de acuerdos de minorías que traspasaran los límites del terreno en que la democracia es legal, a saber, la Constitución Española.

Que el Recurso Previo de Inconstitucionalidad fuese abolido por el gobierno de Felipe González en 1984 vino a suponer que por muchos recursos que se presenten a cualquier ley, ésta entra en vigor desde el momento que se publica en el Boletín Oficial del Estado y de aquellos polvos viene este barro que pone nerviosos a bastantes ciudadanos.

De aquella demagógica promesa electoral de Zapatero, cuando todavía era oposición, en el sentido de que el Congreso de España aprobaría todo lo que viniese de Cataluña nos llega este problema actual de difícil solución.

Porque este lío de editorial compartido, Tribunal Constitucional en estado agónico y promesas demagógicas no se va a solucionar como la Deuda Histórica de Andalucía, a saber, un par de hectáreas de miseria y poco más para tenernos callados, ya ven, como si hubiese algún andaluz que alce la voz más de lo políticamente correcto.

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