miércoles, 11 de noviembre de 2009

John Allen



Susan Hayward con su gran interpretación en el film “¡Quiero vivir!” (1958) se hizo con la famosa estatuilla de Hollywod. La película, comentan los expertos, narra un hecho real que resumo en el asesinato de una anciana y la sentencia de pena muerte en la cámara de gas a Bárbara (Susan); en la última secuencia, momento de la ejecución, el verdugo aconseja a la protagonista que aspire profundamente cuando aparezca el gas, porque así, le dice, todo será más rápido y sentirá menos. Ella, Susan, se vuelve a él y le pregunta: “¿y usted cómo lo sabe?”

Viene a cuento lo anterior porque si el engranaje de la complicada Injusticia de los Estados Unidos de América y de Obama no falla, mientras nosotros estemos reposando del que se presume ajetreado choque entre el Real Madrid y el Alcorcón, John Allen, allá por las tres de la madrugada, habrá sido ejecutado con una inyección letal en el Estado de Virginia.

Ignoro si alguien o si muchos habrán movido un músculo de la cara ante esta vergüenza de liquidar a un ser, aunque sea un asesino, en el siglo XXI y en el país por los que muchos babean de envidia.

Se cuenta, lo leí hace un montón de años, que ante una ejecución, creo que era en la ya desaparecida silla eléctrica, un grupo de personas se manifestaba por la inmediatez del legal asesinato. Realizada la descarga eléctrica, el grupo de manifestantes se fue disolviendo hasta quedar reducido a una sola persona que, portando pancarta contra la pena de muerte, seguía dando vueltas alrededor del penal. Se le acercó un policía y le dijo “joven, váyase a casa porque tú no vas a cambiar el mundo”, a lo que el muchacho respondió: “ya lo sé, tan sólo pretendo que el mundo no me cambie a mí.”

Creo que se me ha olvidado rezar una gran parte de las oraciones que recitaba cuando pequeño, pero sigo pensando que hoy, por ayer, tengo que hacer algo que sacuda la conciencia, no la de mis posibles lectores que sé que al menos son dos, sino la mía, esa que es personal e intransferible y de la que a veces me siento orgulloso y en otras ocasiones la maldigo.

Y bien pensado, lo único que puedo hacer esta noche es sentirme miembro, y usted también debería sentir lo mismo, de una sociedad que por omisión es cómplice de múltiples asesinatos, homicidios y muertes.

Pido perdón por ello.

No hay comentarios:

Publicar un comentario