miércoles, 21 de octubre de 2009

Previsible o imprevisible, he ahí el dilema



Para mí los lunes son días en que, por regla general, vivo las madrugadas de los martes, pero este último lunes ha sido imprevisible, o sea, me he pasado de rosca. Por aquello de una pizca de azúcar en sangre, he retirado de mi compañía el dulce pampero y he abrazado el güisqui. De repente, no recuerdo si entre el segundo y tercer JB o entre el tercero y cuarto, noté que mi lengua se trababa. Fui consciente de ello. Había bebido más de la cuenta. Opté por escuchar al par de amigos que me acompañaban en Puerta Oscura -algo más que un bar de Málaga- y para probar mi estado encaminé mis pasos al servicio, retrete o excusado. Todo daba vueltas a mí alrededor y me convencí que estaba algo bebido. Me congratulé en ello, pues hacía años, muchísimos años, que no llegaba a semejante situación.

La resaca de hoy, unida a un resfriado que no se acaba de ir, ha sido de antología, de manera que me he acurrucado en la cama y a la espera de ver el partido del Sevilla en Alemania, imprevisible el resultado, he seguido el debate de los Presupuestos Generales del Estado, previsible desde la A a la Z.

Rajoy, en resumen, ha recomendado a Zapatero que retire la chapuza presupuestaria y que traiga otra cosa más benévola con las clases medias y trabajadoras. La vicepresidenta que antecede a Chaves, ha comentado desde la tribuna de oradores que don Mariano es previsible, y el Registrador de la Propiedad, hoy en excedencia, le ha largado una tronada a Elena Salgado de mucho cuidado y le ha dado las gracias por llamarle previsible, pues, envalentonado, decía una y otra vez que en economía, y lleva toda la razón del mundo, hay que prever lo que pueda ocurrir y que no se puede ser como Zapatero, a saber, imprevisible.

Todavía con parte de la resaca en vivo, me he levantado de la cama a teclear este insípido artículo para situar al posible lector ante el dilema de ser previsible o imprevisible. Lo primero, lo previsible, es lo correcto pero muy aburrido y lo segundo, lo imprevisible, es lo incorrecto pero más divertido.

Ser previsible es ajustar la vida a la cotidianidad del paso mortecino de las agujas del reloj hasta llegar al final de la existencia. Ser imprevisible es ajustar la tuerca del disparate en sentido inverso a las agujas del reloj e invertir el orden establecido.

Estaría por asegurar que mis neuronas, previsible o imprevisiblemente, iniciaron el baile entre el tercer y cuarto JB.

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