jueves, 27 de agosto de 2009

NI SIQUIERA...



El sol ha cambiado de lugar. Cuando camina a poniente nace anaranjada una ligera sacudida de recuerdos sin futuro. Es entonces, por un instante, cuando siento.

A mi alrededor y conmigo, sin la fértil compañía del riesgo, brota, cuando amanece el tedio, la tarde que oscurece la sensualidad del despertar.

Ni siquiera puedo achacar mi muerte a otro. Ni siquiera puedo empuñar la daga del suicidio. Ni siquiera el desconocido Dios me sirve de excusa. Nadie es culpable.

O tal vez la brisa que dejé de besar.

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