lunes, 26 de septiembre de 2016

La plegaria de Iceta




Este nuestro país, España, es en buena parte ateo y, por tanto, no cree en el poder de la oración o de la plegaria soltada a todo pulmón.

         Acaso creen ustedes, queridos lectores que lo de Feijóo ha sido un milagro; si así fuese están ustedes cayendo en un craso error. Su victoria en Galicia se ha basado en un hecho muy normal, la moderación de un político en su hacer silencioso y sin algarabías; exactamente igual que lo de Urkullu en el País Vasco que, a la chita callando, se ha desmarcado en buena medida de las tesis de Sabio Arana y ha proclamado, sin aspavientos, que la teoría del fundador del PNV sobre un Estado independiente vasco no tiene cabida en el siglo XXI y los vascos, buena gente en general salvo las consabidas excepciones, así lo han entendido y lo han apoyado en franca mayoría.

         Todos sabemos que el PSOE de Pedro Sánchez ha recibido duros varapalos en los dos territorios, y lo más lamentable para sus afiliados, que no para los votantes, ha sido superado en ambas comunidades por los hijos de “Podemos”.

         Y ahora, esta misma tarde, gran parte de las baronías socialistas anda en plan rebelión y pidiendo, más o menos, su cabeza “política”, pero él, que se sabe poseedor de la buena nueva, o sea, del NO a Mariano Rajoy, se sabe mandatado por la plegaria de Iceta, el secretario general de partido socialista catalán, para seguir en ese caminar hacia su propia destrucción y, de paso, del histórico PSOE.

         Creyente, quiero creer, se ha apoderado de la plegaria de Iceta y, como un nuevo Moisés, quiere salvar a los suyos en un auténtico éxodo hacia la nueva tierra prometida.

         Y es que Iceta clamó a los cielos: “Por favor Pedro, sálvanos de Mariano Rajoy y del Partido Popular, por Dios líbranos de ellos, Pedro no nos deje, sé fuerte, aguanta las presiones…

         Comprenderán ustedes que Pedro Sánchez se sabe señalado por el dedo divino y ante eso, querido pueblo, es imposible luchar, dialogar y comprender.


        

          

sábado, 24 de septiembre de 2016

Postulando a Juan el de Cartajima




Juan el de Cartajima fue mi gran amigo. Su muerte trastornó mi mente y desde entonces no encuentro la paz auténtica, la mía, y es por eso que hablo y escribo de política, de crisis económica y de otras sandeces que desde esta humilde atalaya de columnista son imposible cambiar.

         Si Juan estuviese vivito y coleando, yo estaría escribiendo de poesía y amor, de lo trascendente y lo oculto, de la profundidad en la sencillez, de la vida normal del pueblo que eligió para vivir y morir, de la puesta de sol y del café de pucherillo, del interior de mí mismo y no del exterior del otro; pero Juan murió, y con él la sabiduría, o sea, el saborear la vida sin grandes empachos de güisqui y vitolas de hombre enciclopédico.

         Tengo, tenemos, que volver a Juan o usted y yo estaremos condenados a soportarnos en esa puja de vanidades que florece en la gran sociedad; así hoy, por ejemplo, estaría obligado a discernir sobre las elecciones gallegas y catalanas, de los líos internos del PSOE, del divorcio de un tal Brad, de echar a cara o cruz si Susana, oh Susana, luchará por ser lo que es hoy Pedro o vaya usted a saber lo que nos impondría la fatal actualidad.

         Me comentaba Juan que en Cartajima, pueblecito de la Serranía de Roda, se vivía con plenitud las veinticuatro horas de los trescientos sesenta y cinco días que conforman ese tiempo que los hombres han acordado en llamar año. Un buen libro de lectura, una partida de dominó, una sencilla tertulia con los hombres curtidos por la serranía, un tranquilo paseo alejado de las encaladas casas, comer y beber algo, y dormir sin despertador y azules comprimidos.

         Un fin de semana que pasé con él, le pregunté por el número de parados que podía haber en Cartajima, y él, con esa socarronería tan propia del hombre sabio me dijo: “no te preocupes por ello, aquí todos cobran el paro; no es ese el problema, sino que se quieren ir a vivir a la gran ciudad.”

         Y siguió hablando de la utopía de la verdadera vida, del encanto de la soledad acompañada, del mestizaje de la sabiduría con el pueblo y, muy especialmente, de la fugacidad de la felicidad.




viernes, 23 de septiembre de 2016

Postularse: he ahí la cuestión




Cuando Pedro Sánchez afirmó aquello de “yo no me postulo para nada” estaba mintiendo al pueblo español, algo a lo que dicho colectivo está apacible y dulcemente acostumbrado con todo el espectro político; pero es que este señor dice sus cosas con tanta rotundidad y con esa pétrea faz que se hace difícil no creerlo, y es que además las repite una y otra vez.

         Pues bien, resulta que al tiempo que decía impasible y con rostro impenetrable el tema de no ir pidiendo apoyos, postulando, a derechas (PNV y la antigua Convergencia), a izquierdas (Podemos y sus confluencias) a los independentistas republicanos de Esquerra y al mismísimo Espíritu Santo, resulta que toda era una pantomima propia de un auténtico “filibustero” de la política.

         No sé si conseguirá llevar a efecto lo que tiene introducido en la chorla con un torniquete, tampoco es que me importe en demasía porque creo que la templanza y la responsabilidad asentarán su vuelo en el centenario PSOE para colocar las cosas en su sitio, o sea, en la social democracia europea.

         No será tarea fácil conseguirlo ya que estamos ante un hombre que ha tocado la erótica del poder y le agrada el sobeo de creerse superior a sus semejantes, y es por eso que está urdiendo toda clase de triquiñuelas para hacernos creer que nos podemos encontrar ante un cambio “progresista” con fuerzas que no lo son; casos de los nacionalistas del PNV y los antiguos compañeros de Artur Mas, y qué decir de los del binomio “miedo-seducción” que desean que la ciudadanía trabaje un año sin cobrar para salir del agujero del abismo económico.

         El cisco puede montarse en este país si a este ex jugador de baloncesto se le permite, por parte de los suyos, que introduzca a España en la canasta de sus deseos de emperador; dicho cisco ya está montado en el seno de su partido, pero él es quien tiene agarrada la sartén por el mango y ya saben que donde hay patrón no manda marinero, así que veo que los berrinches de algunos varones no van a influir en el que manda en los tiempos.

         Confío en que el “gran postulador”, o sea, quien tiene la auténtica potestad constitucional, Felipe VI, no envíe, si llegase el caso en que Sánchez conforme el baturrillo, el  papelito oficial a la Presidenta del Congreso y vayamos en la paz del Señor a votar en diciembre.


          

jueves, 22 de septiembre de 2016

Otoño, que no es poca cosa




Ya es otoño, que, por cierto, no es poca cosa al menos para mí, pues el invierno es frío, el verano caluroso, la primavera la dejo para los cursis y yo me acurruco, ves que me gusta la palabrilla, en el columpiar de las hojas de los ficus por el malagueño Paseo de los Curas.

         Una estación para andar con mimo y cuidado por entre ese crujir de lágrimas de árboles que nos acarician en el columpio de la contemplación. Fíjense si no es para volverse loco: el PP anda buscando seis votos para seguir gobernando, “Podemos” se debate entre seducir o meter miedo al personal, el PSOE de Sánchez se ha instalado en el “no” como sagrada palabra, Ciudadanos busca con pactos a derecha e izquierda un lugar responsable en el escenario político, mientras los independentistas catalanes, Oriol y Puigdemont  estudian la manera de quebrar la unidad de España.

         Eso en política, porque en poesía, el Grupo Málaga que fue concebido como un flagelo para endiñar verdades al poder institucional, asoma su nuevo careto en un lamentable casorio con las instituciones con poderío para buscar una migaja de poder; ¡ay Dios! en que se ha convertido el nuevo grupillo.

         Sin embargo, otoño en el amor es una vorágine a tener en cuenta; ahí tienen, por ejemplo, a una poeta que va por libre, de nombre Ana Vivero, y  que escribe: “De una noche contigo/ hago yo un amor para toda la vida”; y se queda tan pancha después de escribir un milagro poético.

         Otoño es el alcanfor llevado a su más bella expresión, o sea, la búsqueda sin límite de aquello que teníamos encerrado bajo llave y candado, ya saben: el celeste jersey, la negra gabardina de los grises días, la puesta en marcha de un nuevo proyecto y el redescubrimiento del amor, porque el amor es el único milagro que se recicla y se redescubre en los los misteriosos límites del otro.

         Desde mi corta modestia les invito a deambular por la Plaza del Asombro, ese lugar donde las fogatas de antaño se convierten en apacibles chispas de estrellas de aquello que creíamos fenecido.

         No lo duden: vivan el otoño en todo su amarillento esplendor.



miércoles, 21 de septiembre de 2016

¿Miedo o seducción?




“Podemos” se debate en la actualidad entre dos corrientes ideológicas o tal vez en la superficie de la nimiedad, pues lo único cierto, si es que en política existe alguna certeza, es que estamos asistiendo a unos debatillos, con twiter incorporado, sobre si es el lenguaje del “miedo” o el de la “seducción” el que debe primar en la transmisión de su discurso ideológico; no es por tanto el meollo de su pensamiento político lo que interesa, sino la forma de transmitirlo para acaparar a más votantes, o sea, de una forma u otra lo que parece interesar a los líderes de la formación “podemita” es la ancestral teoría izquierdista de que lo importante en política no es el fin que se persigue, sino los medios a emplear para conseguirlo.

         Iñigo Errejón es partidario de seducir, embaucar, al posible ciudadano indeciso para que deposite su voto en la candidatura morada; Pablo Iglesias apuesta por sembrar el miedo en la sociedad domesticada con un lenguaje abierto y sin tapujos de los fines que persigue; en el centro de ambos, se encuentra los que alientan la tesis de Iglesias para obtener el mayor número de votantes y, una vez conseguidos, seducir a socialistas para intentar formalizar alguna clase de gobierno.

         Ahora se comprende mejor aquel mensaje de Pablo Iglesias en el que manifestaba que “había llegado la hora en que el miedo tenía que cambiar de bando” o aquel desprecio a la luchas de clases para incorporar el discurso de “los de arriba y abajo”, tesis ambas instaladas en el cogollo de las teorías de Hugo Chávez.

         Bastante miedo pasé en mis días de dogmas e infiernos, de carreras delante de los grises y de alcaldes fascistas en mis tiempos de maestro escuela de los de entonces, ya saben; y lo de la seducción es un tema muy peligroso por lo que tiene de engaño que no se sabe muy bien, como toda mentira, en qué puede finalizar.

         Tal como está el cotarro es bueno, pero que muy bueno, que este movimiento, “Podemos”,  nacido desde la crisis económica y alentado por el anticapitalismo radical, aunque algunos de sus fundadores sean capitalistas de hecho, se quite la careta de la seducción y aparezca como el creador del nuevo miedo.

         Ya veremos.