lunes, 21 de mayo de 2018

El racismo preside la Generalitat



De Churchill no se habla como un intelectual de pro sino como un político prudente en toda regla; se cuenta que un día le interpelaron acerca de su opinión sobre los franceses, a lo que respondió: “No sé, son muchos y no los conozco a todos”.
        
No es esta la prudencia del sicario de Puigdemont, el señor Quim Torra, que sin ser preguntado por su parecer respecto a los españoles escribió en el periódico digital El Mon lo siguiente: “Carroñeros, víboras, hienas. Bestias con forma humana, sin embargo, que destilan odio. Un odio perturbado, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua. Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano.”
        
Este escrito bien pudo redactarlo Hitler en su libro “Mi lucha”, es por ello más nazi que el creador de tal teoría política y, por ello, un hombre al que hay que temer y, por ello, vigilar muy de cerca.
        
Solamente puede salvarnos de la quema el hecho de que es un “muñeco” impuesto por el iluminado Puigdemont al que obedece sin rechistar, es por ello que su primera acción como “Molt honorable” haya sido su visita a Alemania para rendirle pleitesía y solicitar de él las primeras consignas racistas para aplicar en Cataluña; y ha sido elegido con el voto de la podrida derecha del 3%, la Convergencia del clan pujolista, los autodenominados antisistemas de las CUP que se pliegan ante la corrupción y una Esquerra Republicana que dista miles de kilómetros de Heribert Barrera, señor al que tuve el placer de conocer en aquellos años en que, quieran o no, fuimos capaces de construir un sistema de libertades en el Estado español.
        
Se llama Quim Torra, no se olviden.




domingo, 13 de mayo de 2018

El ungido Quim Torra




No tengo el placer, tampoco el disgusto, de conocer al diputado del Parlament, señor Quim Torra, próximo Presidente de la Generalitat por votación de la mayoría de sus miembros y “ungido” a tal puesto por el dedo índice del huido señor Puigdemont, eso sí, a cambio de que no ocupe sus antiguas dependencias; hecho, este último, que trae de cabeza a la mayoría de los expertos políticos de este país, me refiero a España. Un servidor de ustedes tampoco sabe muy bien la causa, a no ser que, al igual que los perritos, Charles desee marcar bien su territorio o mando en plaza.

Y como decía anteriormente no lo conozco por lo que tengo que creerme lo que dicen de él los que lo conocen de largo y afirman, no hay excepción alguna, que es un intelectual en toda regla y muchísimo más inteligente que el “belga de adopción”, lo que no quiere decir que sea más listo sino más pillín; y entre políticos, no lo duden, los listos le pueden a los intelectuales, al menos hasta ahora.

No voy a referirme a la fobia que Torra siente a todo lo que huela a español, demostrada en esas “garrapatas” con las que durante un cierto tiempo Quim esparció por las redes sociales, pero que ya se ha encargado de borrar, y digo que no voy a hacer mención a ellas porque mermaría la calidad de intelectual que se le atribuye, aunque en ese echarse atrás demuestra que es algo listo al tiempo que tontorrón porque las huellas de su odio permanecen.

Deseo, y no es ironía, por el bien de España -incluyo a Cataluña- que el ya inminente Honorable de la Generalitat esté en su sano juicio y no juegue a las antiguas travesuras de su padrino Puigdemont, y por tanto se dedique a gobernar como ordena nuestra Constitución y tengamos la fiesta en paz, no sea que de nuevo se tenga que aplicar el artículo de los tres dígitos y nos encontremos entre la espada y la pared.

Salud, amigos

viernes, 11 de mayo de 2018

"Aprovechategui"



La pasada encuesta del CIS ha puesto nerviosa a la fauna política nacional, porque los nacionalistas, según el sondeo, siguen exactamente igual que siempre.
          
Así que, por este orden, PP, C’s, PSOE y Podemos andan entre una horquilla de más menos cuatro puntos, algunos han sacado pecho pues se ven posibles ganadores (C’s), otros han sentido un cierto alivio (PP), los hay que no comprenden muy bien lo que les está pasando (PSOE) y Podemos respira con cierta mesura porque a pesar de su crisis interna mantiene movilizado a los suyos.
         
No cabe duda, según expertos, que el más beneficiado es Ciudadanos que parece recoger votos de los dos partidos tradicionales, esencialmente del PP, al que según los enterados en estudiar la “cocina” de las entrañas del citado estudio solamente le quedan los mayores de 65 tacos y los pequeños pueblos del desierto; aunque, no se olvide, quedan un par de años para los próximos comicios y ese tiempo es demasiado.
         
Pues bien, Albert, envalentonado hoy por los números que lo acarician, ha llegado hoy, por ayer, al Congreso que se salía y ha roto el pacto constitucional que tenía contraído con el Partido Popular respecto al artículo 155 de la Constitución por flojera de Rajoy a la hora de aplicarlo en Cataluña.
        
 ¿Qué desea Albert?, tal vez convertirse en una derecha pura, dura y joven o que los tanques entren por Las Ramblas. Habla de los niños de algunos guardias civiles que, realmente, han sido “señalados” por 8 o 9 profesores, pero acaso lo que echa de menos es que el gobierno provisional de Cataluña introduzca a los profesores en chirona sin previo juicio o sean expulsados como funcionarios por “incompatibilidad con el vecindario” igual que en los tiempos de Franco.
         
Cuidadín, Albert, cuidadín que te estás pasando tres pueblos al tiempo que Inés Arrimada, siendo vencedora en las elecciones, no se ha presentado a presidir la Generalitat para que el reloj de la democracia comenzara su recorrido.
         
Uf!... dos años de “aprovechategui” puede costarle un disgusto al amigo Albert.