martes, 17 de octubre de 2017

El Dinámico dúo de los Jordi




Me incorporo a duras penas porque no puedo quedar impasible ante la entrada provisional, sin fianza, en prisión de los presidentes de Òmnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana -dos asociaciones que en buena medida lleva el peso del cotarro independentista catalán- por un delito de sedición según el auto de la juez Lamela y que, si la cordura no vuelve a estas latitudes, pueden convertirse, según leo en redes sociales en los dos nuevos héroes de la posible, o no, República Catalana.

          Tanto poderío tienen ambas asociaciones que no debemos olvidar que Carmen Forcadell, actual Presidenta del Parlament, fue aupada a tan alta responsabilidad gracias a los servicios prestados en la ANC cuando ejerció de presidenta de ella ofreciendo los trapos de matar a Jordi Sánchez.

Es conveniente saber que el delito de sedición se regula en el artículo 544 y siguientes del Código Penal, y castiga con penas de hasta 15 años de cárcel a quienes “se alcen pública y tumultuariamente” para “impedir, por la fuerza o fuera de las vías legales, la aplicación de las Leyes”, o para “impedir a cualquier autoridad, corporación oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el cumplimiento de sus acuerdos, o de las resoluciones administrativas o judiciales”.

Y resulta que los Jordi, tras convocar a un buen número de ciudadanos, impidieron, mediante un cerco impresionante de miles de personas que agentes de la Guardia Civil y una secretaria judicial, obedeciendo órdenes del poder judicial, pudieran realizar su labor teniendo que salir, con peligro de sus vidas, por una azotea para introducirse en un teatro para, entre el gentío, poder respirar con cierto alivio, al tiempo que la turba la emprendía con tres coches de la Benemérita mientras Sánchez, Jordi, desde el techo de uno de los destrozados automóviles, altavoz en mano, arengaba a la muchedumbre.

Por eso, nada más que por eso, han sido condenados de forma provisional por la juez Lamela, mujer nada sospechosa de mariposear con unos y otros; ante ello cabe recurso de apelación y en poco más de una semana un tribunal formado por tres jueces, dictaminará si la citada juez tiene razón o si por el contrario los Jordi quedan en libertad; y santas pascuas.

No cabe atribuirles el honor de ser presos políticos por la sencilla razón que no son políticos, claro es que les emplazo a que lean algo del historial de Jordi Sánchez y deduzcan la solución que les parezca más oportuna.

Escrito lo cual me repliego a mis cuarteles de otoño que, por cierto, parece comenzar hoy. Y es que hasta el tiempo está loco.

www.josegarciaperez.es

viernes, 6 de octubre de 2017

Todos fuimos culpables




El primer enfrentamiento serio que tuve en el Congreso de los Diputados con mis compañeros de UCD fue debido al tema educativo cuando aprobó una PNL del PNV para conceder una cantidad de “pelas” a las ikastolas, al tiempo que me indicaba Pérez Llorca que retirara una propuesta con idéntica cantidad de parné para subvencionar al parvulario andaluz; en la medida de lo posible me rebelé contra dicha injusticia por entender que estaban más necesitados de ayuda los pequeños andaluces que los niños vascos y, lógicamente, voté en contra lo que supuso mi primer varapalo y estigmatización como diputado sospechoso de quebrar la disciplina de voto.

          Pero quiebra de la buena, mejor sería decir grieta, cuando en las primeras elecciones autonómicas celebradas en Cataluña en el año 1980 el Partido Socialista de Andalucía (PSA, después PA y hoy nada de nada) obtuvo más de 80.000 votos y, con ellos, un par de diputados autonómicos de pura esencia andaluza más una buena rociada de papeletas reales, no como las del 1-O, que emergieron de las urnas a favor del PSC.

Jordi Pujol, padre y abuelo, no daba crédito a que unos desarrapados y pobres andaluces, vuelvo a repetir, más de ochenta mil, votaran por su tierra a más de mil kilómetros de distancia; bella gesta la de aquellos andaluces de la novena provincia de esta tierra de María Santísima.

Gracias a la dejación de los gobiernos del PSOE y PP que dejaron en manos nacionalistas todo el sistema educativo, madre y padre del desarraigo al olivo y al orgullo, no queda ni siquiera rastrojo en sus hijos y nietos de amor al terruño de aquellos pioneros que pisaron tierras catalanas con maletas de cartón.

Y así, sin darse cuenta los pioneros y haciendo dejación los poderes políticos, fue emergiendo en Cataluña una nueva generación que hoy lucha por la República Catalana; ahí tienen como muestra a Anna Gabriel, dirigente de las CUP, hija de un minero de Río Tinto (Huelva) que emigró a tierras donde el fandango onubense no se conoce; y como ella cientos de miles de aquellos andaluces educados en el odio al “conquistador” Reino de España.



jueves, 5 de octubre de 2017

Los sagrados votos de Cataluña




Por asuntos de salud de un familiar estaré unos días fuera de “esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia”, y por ello dejaré de entretenerles o disgustarles con estas breves crónicas sobre la Declaración Unilateral de Independencia, DUI, que el próximo lunes, si el Estado Español no lo impide, se declarará en el Parlamento de Cataluña con los problemas que para todos pueda acarrear; aunque todavía me queda este fin de semana para seguir con tan manoseado tema.

Pero no es mi deseo dejar de narrar las múltiples y originales de votar que tienen los catalanes en su conjunto, fuesen o no independentistas, cuando se colocaron aquellos pequeños contenedores para recoger la voluntad de no sé cuántas personas porque el recuento vino a ser algo extraño.

Sin censo fiable, con urnas en las calles, con mostrar aquí, allí y un poco más cerca el DNI en diferentes lugares era suficiente para que una misma persona pudiese votar las veces deseadas, qué decir de la manera tan vivaz y juguetona con la que se introducían montones de papeletas en los citados contenedores en la mismísima rue, contenedores que alegremente eran transportados a los “colegios electorales”.

Sin embargo, y así lo reconozco, sentí sana envidia cuando en un templo de una pequeña iglesia -con sacerdote incluido y revestido de sus atributos y unos fieles católicos entonando un maravilloso cántico- un grupo de personas, a modo de ofertorio, recontaban papeletas que eran depositadas con primor y sumo cuidado, en montoncitos de diez o veinte, a los pies del altar para hacer la realidad el milagro de la “multiplicación de los panes y los peces” en forma y vida de votos.

No quiero terminar este “copo” sin contar una historia vivida por mí en Sevilla cuando en un llamado “Cursillo de Cursillos”, mi fogoso amigo Pepe Jiménez, ya fallecido, trabucó las palabras del milagro clamando con voz atronadora que algún día llegaremos a vivir el milagro de la “multiplicación de los penes y las paces”.